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El precio de los sentimientos

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Han pasado 8 días. Siento un nudo en el estómago, un nudo que encoge mi corazón. Como si estuviese haciendo ejercicio constante de superación personal mientras sujeto un muro de carga interior a punto de derribarse. Una tensión constante que me hace decir: “Soy fuerte, yo puedo.”

Y es cuando me doy cuenta que mi cabeza está echando un pulso al corazón tratando de ir por delante, razonando cada sentimiento porque a veces creo que si no existiesen los sentimientos sería todo más fácil. Luego recapacito y me doy cuenta que me aporta mucho más “sentir” , tanto los momentos buenos como los malos, pues en su combinación está el aprendizaje y el crecer como persona.

No puedo evitar “dejar de pensar”, dejar de sentirme desgarrada, dejar de echarte de menos.

Un pulso corazón-mente

El precio de los sentimientos

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Cántame por favor esa canción que me hace tanto suspirar, que me abre los sentidos hasta soñar, que refleja mi corazón hasta brillar. Saborea mi alma con sólo palpitar.

Dame un suspiro hasta agotar.

Quizás es exagerar, o no…

¿Cuántas veces hemos deseado expresarnos y no lo hemos hecho? Nuestras expresiones son fruto de nuestro interior, de nuestra alma, nos hacen libres.  Cuando nuestras sensaciones salen a la luz, nos desenvolvemos sin ataduras. Somos sinceros y humildes con nosotros mismos.

Cada amanecer, nace un nuevo día y con ello una nueva necesidad de seguir siendo felices. Por ello, como os he dicho otras veces, cada día cuenta, cada día suma. Desde que te levantas. Y es que la más pura apertura a la felicidad es la expresión de la misma.  Cuando nos ponemos barreras estamos restando tiempo a expresarnos, a ser felices.  ¿Y por qué quedarnos con las ganas?

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Creando la perfecta imperfección, por naturaleza…

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Bienvenido a mi blog, un blog en el que, disculpa, pero no encontrarás la perfección sino “la perfecta imperfección“.

Lo cierto es que día a día, desde que te levantas hasta que te acuestas,tienes que ser PERFECT@, una perfección que te han inculcado desde pequeñ@. Tienes que darlo todo al 100% con buenos resultados, no puedes permitirte fallar, pues todo lo que has hecho hasta el momento puede verse amenazado. Te levantas, te duchas, desayunas y a currar con la condición de llegar a casa satisfech@ y orgullos@ de todo lo que has hecho durante el día. Ya puedes dormir tranquil@.

Día a día, nuestra afán de superación, nos lleva a tratar ser mejores que el resto, encontrar la mejor forma de expresarnos con nuestros seres queridos,ayudar a todo aquél que necesita que le echen una mano. En definitiva, ser la mejor de las mejores personas o ser un Dios entre los humanos.

Las exigencias propias de nuestra sociedad y de nuestra cultura, crean máquinas que deben desarrollar sus programas a medida para mantener unas buenas relaciones sociales,personales y profesionales. Todo ello con el objetivo de una felicidad plenamente humana.

Estamos programados para desarrollar nuestro ciclo vital manteniendo firmes cada uno de nuestros pilares fundamentales: salud,amigos,dinero y  amor. Salud para poder disfrutar plenamente de los demás pilares;amigos con los que poder tomarte una cañas y otros con los que poder hablar y expresarte;dinero para poder mantener un status dentro del sistema y, por último y más importante, amor en todos los sentidos. Además de todo ello, tenemos una serie de obligaciones intrínsecas que son las siguientes:

  1. Tener unos estudios/carrera universitaria/máster
  2. Trabajo
  3. Tener un coche
  4. Comprarte una casa
  5. Casarte
  6. Tener hijos
  7. Morir

Pero cuidado si no cumples estos pasos, si te sales de lo común, puedes llegar a ser un bicho raro….Pueden surgir contratiempos con los que no contabas,puedes tener preferencias en tu vida que superan alguno de los objetivos descritos previamente,puedes seguir tus sueños, tus pasiones y desviarte de lo marcado.

Pues bien, todos debemos saber que para perseguir tus sueños, muchas veces tienes que salirte de lo común, de lo lo que todo el mundo considera correcto. Y lo correcto no es hacer lo que todo el mundo hace sino perseguir tu felicidad, tus pasiones, tus deseos…y si en tu camino surgen baches o confusiones, no hay problema, aprendes de ellos y rectificas para resurgir. Siempre hay momento de rectificar, atravesar el bosque y seguir tu ruta a la felicidad.

Por naturaleza, no somos perfectos. Cometemos errores, aunque no lo creamos, pero también en ello reside la verdadera belleza, la belleza especial.

Bienvenidos a la “perfecta imperfección“.

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